Llegó al club con 7 años, fue titular en todas las categorías y hoy es una de las grandes apuestas del Vasco Arruabarrena
“Potrero puro”, coincidieron los cazatalentos de Boca apenas lo vieron jugar, allá por 2014. Tenía siete años y era el más destacado entre cientos de chicos que probaban suerte en las infantiles del club. Once años después, mientras Boca buscaba un extremo que garantizara velocidad, desequilibrio y potencia tras la decisión de marginar a Exequiel Zeballos, la solución terminó estando donde siempre había estado: en casa.
Leonel Flores todavía no tiene perfil en Wikipedia. Su irrupción fue tan rápida que nadie se detuvo a escribir su historia en la enciclopedia más famosa. En apenas cinco partidos -cuatro como titular y uno ingresando desde el banco-, el joven de 19 años pasó a convertirse en la principal referencia ofensiva del Boca de Rodolfo Arruabarrena y generó una gran ilusión entre los hinchas, más allá de que los resultados y el funcionamiento colectivo todavía estén lejos de convencer.
En el predio de Ezeiza, sin embargo, pocos se sorprenden con su presente. Desde que llegó al club con siete años, Flores fue señalado como una de las grandes joyas de las inferiores. Un recorrido muy distinto al de su amigo y compañero de categoría Tomás Aranda, que recién empezó a consolidarse algunos años después y sin el mismo cartel.
Los GPS del cuerpo técnico terminan de confirmar lo que se percibe a simple vista. “Todavía está liviano, pero no lo pueden agarrar”, cuentan cerca de Arruabarrena sobre Flores, que completó sin problemas su primera pretemporada con el plantel, respondió bien a todos los estímulos y no se perdió un solo ejercicio. Y eso que el equipo está jugando con un calendario apretado. Uno de los registros que más impresiona es su velocidad inicial y su capacidad para sostener la intensidad durante los 90 minutos. Lo demostró el domingo en Rosario: fue el jugador más peligroso de Boca en la primera mitad y volvió a ser determinante sobre el final, cuando el equipo encontró el 2-2 frente a Newell’s. En plena reconstrucción, Boca siente que encontró un futbolista capaz de cambiar un partido con una acción y, al mismo tiempo, intenta cuidarlo para que su crecimiento no saltee etapas.
Quienes trabajan desde hace años en el fútbol formativo repiten que ningún juvenil debe ser evaluado por sus primeros partidos. Lo normal es que aparezca con fuerza, luego atraviese una meseta y recién ahí aparezca su verdadera dimensión. Como suele decirse, es más difícil sostenerse que llegar. Pero con Flores el convencimiento viene de mucho antes. Ya en las infantiles era, por varios cuerpos, el jugador más destacado de una camada de la que también formaba parte Joaquín Di Lollo, hermano de Lautaro, que este año llegó a entrenarse con Primera.
En Boca hay una jugada que resume el potencial del delantero y explica por qué se ganó tan rápido un lugar en la consideración de Arruabarrena. El domingo, cuando el equipo perdía 2-1 y el reloj superaba los 80 minutos, desbordó a pura potencia a Jerónimo Russo para iniciar la acción del empate. Pero hubo otro detalle que llamó la atención. Mientras Alan Velasco y el resto de sus compañeros festejaban el 2-2, Flores fue a buscar la pelota dentro del arco para apurar el saque del medio. Quería ir por la victoria. Y estuvo cerca de conseguirla minutos después, con un remate cruzado que pasó muy cerca del palo.
Nacido en Beccar el 6 de febrero de 2007, dio sus primeros pasos en El Zorzal, de San Isidro, y luego pasó por Ballester y Barrufaldi, de Bella Vista, antes de llegar a Boca en 2014. Cuando Diego Mazzilli, uno de los grandes ojeadores que tuvo el club en las últimas décadas, lo observó por primera vez, enseguida entendió que estaba frente a un caso especial. Desde entonces, Flores fue titular en todas los equipos que integró y siempre aportó goles y asistencias.
En septiembre de 2024 firmó su primer contrato profesional, que luego fue renovado hasta junio de 2029. El semestre siguiente fue una de las grandes figuras de la Reserva, donde conformó una gran sociedad por la derecha junto a Dylan Gorosito y llegó a convertir cuatro goles en un mismo partido frente a Aldosivi. Al momento de debutar en Primera acumulaba tantos goles -uno olímpico, ante Platense- y dos asistencias en sus últimos diez encuentros con el equipo dirigido por Mariano Herrón.
Aunque juega como extremo, el gol siempre fue una de sus principales virtudes. Terminó los dos últimos torneos de Reserva con ocho gritos en cada uno, la mejor marca para un juvenil de Boca desde la etapa de Nicolás Blandi, que había marcado ocho y luego 15 durante su paso por la Tercera. El día de su estreno marcó el segundo gol en la victoria por 2-0 ante Sarmiento.
Flores también representa una apuesta fuerte para Arruabarrena, un entrenador que en su primer ciclo en Boca promovió a varios juveniles, entre ellos Nahuel Molina, hoy lateral de la selección argentina. A principios de este año, Flores no realizó la pretemporada con Primera, aunque integró el banco de suplentes en tres partidos del ciclo de Claudio Ubeda sin llegar a sumar minutos.
Hoy el escenario cambió por completo. Ante Newell’s salieron Miguel Merentiel y Sebastián Villa, pero Flores permaneció los 90 minutos en la cancha, una muestra de la confianza que Arruabarrena le tiene y una confirmación de la sensación de que, cada vez que toca la pelota, algo bueno puede pasar.
Este miércoles, Boca enfrentará a Estudiantes en la cancha de Huracán por el partido pendiente de la segunda fecha. Arruabarrena todavía no definió si preservará a algunos titulares por la seguidilla de partidos que incluye a Vélez y el comienzo de la serie frente a Recoleta, por los octavos de final de la Copa Sudamericana, primero en la Bombonera y luego en Asunción, con otro compromiso en el medio ante Platense.
Flores, el mejor futbolista de Boca en Rosario y uno de los puntos más altos desde la llegada del nuevo entrenador, dejó de ser visto solo como una promesa. Ahora busca consolidarse como una de las caras del nuevo Boca.
Fuente La nacion
