Sábado, 22 de Septiembre de 2018 | 07:41

Tierra del Fuego entre las cinco provincias que no cuenta con refugio para víctimas de violencia de género

En el último año en la Argentina se registraron más de 86 mil casos de violencia contra mujeres. Los refugios para que puedan escapar de sus casas son indispensables, pero no es lo único que la víctima necesita. Cómo es el recorrido hasta llegar a estos refugios y qué programas tiene hoy el Estado para que estas mujeres puedan salir adelante. En Tierra del Fuego, la medida que se implementa es la exclusión rápida del agresor del hogar.

 

 “Me quiso ahorcar tres veces. Una me defendió mi hija, y otra vez me agarró en la cama y mi yerno rompió la puerta para entrar y sacarme”, cuenta María sobre su marido, con el que estuvo en pareja 27 años. Un día la amenazó con un cuchillo, se lo pegó al cuello. Fue el punto de quiebre. Pero su marido, además de amenazarla, la encerró en la casa y recién el lunes cuando él se fue a trabajar, se pudo escapar con su hija de 11 años. Así llegó a un refugio. Con lo que pudo sacar en el momento.

 

 

Ir a un refugio para mujeres víctimas de violencia de género es una decisión desesperada, que cuesta tomar. Además de romper una relación, implica salir de la casa en el momento que puedan hacerlo, en muchos casos con hijos pequeños y poco tiempo para llevarse sus cosas. “En algunos casos las mujeres llegan sólo con lo que tienen puesto, no tienen ni sus documentos ni los de los chicos y las ayudamos en todo el proceso, dándoles ropa, consiguiendo los documentos y todo lo necesario”, explica Tamara Gómez, directora del hogar Fátima Catán en Lomas de Zamora.

 

 

Además, las mujeres que van a un refugio suelen ser las que menos recursos -económicos y sociales- tienen, explica Agustina Señorans, subsecretaria de Promoción Social de la Ciudad de Buenos Aires: “En general, si una mujer tiene redes de contención, se va a la casa de familiares o amigos. Y, si tiene dinero, se va a un hotel”.

 

 

En el caso de estas mujeres, el refugio es una posibilidad para salir de una relación violenta y dañina, del peligro inminente en el que están y, en el mejor de los casos, el comienzo de una nueva vida lejos del agresor. Pero, para que eso ocurra, es necesario no sólo que el refugio albergue a la mujer en la emergencia, sino que la ayude a salir adelante, a ser autónoma y no volver a la relación.

 

 

Decidirse a ir a un refugio es difícil, pero no tener a dónde ir es mucho peor, y es lo que pasa en varias provincias argentinas. La disponibilidad de lugares seguros, que ofrecen ayuda y contención a las mujeres víctima de violencia, varía mucho entre las jurisdicciones.

 

 

En la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, hay dos refugios cuya ubicación se mantiene en reserva, para evitar que los agresores puedan encontrarlos, y las medidas de resguardo son muy altas: la mujer, por ejemplo, no puede salir del lugar sin escolta policial. En otros casos, son centros conocidos por la comunidad, donde las mujeres pueden ir y venir a ver profesionales y tomar talleres.

 

 

En la Provincia de Buenos Aires la situación varía mucho según el municipio. En aquellos que tienen refugios son recibidas sin problema. De los 135 municipios bonaerenses, 40 tienen refugios: dos son provinciales (uno en Ensenada y otro en Moreno -que actualmente se encuentra en remodelación-), dos dependen de la Iglesia católica y los 36 restantes dependen de los municipios.

 

 

Bajo la gestión de María Eugenia Vidal, el Gobierno bonaerense creó una Red Provincial de Hogares de Protección Integral. Este programa busca mejorar el sistema de la Provincia, principalmente articulando los distintos hogares y refugios que existen para permitir el ingreso de las mujeres bonaerenses al hogar del municipio al que pertenecen o, si no existiera, al de un distrito cercano.

 

 

En el resto del país la situación también es muy desigual según la provincia. En total existen en el país 89 refugios, según el último registro del Instituto Nacional de la Mujer (INAM). En cinco provincias ni siquiera hay casas o refugios para la protección de mujeres: Formosa, Misiones, Tierra del Fuego, Tucumán y Santiago del Estero -donde está prevista la inauguración de un hogar en los próximos meses-. Un informe de la ONU sobre la violencia contra la mujer, de abril de 2017, recomienda al Estado argentino “evaluar urgentemente la necesidad de abrir refugios y velar por que haya suficientes refugios seguros en cada provincia”.

 

 

La construcción de nuevos refugios es una de las prioridades declaradas del Gobierno, y el INAM lo puso como una parte central de su Plan Nacional de Acción. De hecho, de los $750 millones del presupuesto del Plan, $600 estaban destinados a la construcción de 36 Hogares de Protección integral (HPI), dispositivos que actúan de modo transitorio como “lugares de asistencia, protección y seguridad”, según lo define el Plan. Es decir, casi $17 millones por hogar.

 

 

Sin embargo, de acuerdo con los datos que pudo recopilar Chequeado, hasta ahora sólo hay nueve nuevos refugios, muchos de ellos proyectos que se iniciaron durante la gestión anterior y fueron terminados durante estos años, y otros que ni siquiera están inaugurados. De los refugios que el INAM anunció que haría y que el Ministerio del Interior tenía que construir sólo hay tres planificados en la Provincia de Buenos Aires (en La Plata, Morón y Quilmes, todos gobernados por Cambiemos) y ninguno está terminado. El presupuesto para cada uno es de alrededor de $13 millones, de acuerdo con los datos del Ministerio del Interior en respuesta a un pedido de acceso a la información de Chequeado.

 

 

Escapar de una relación violenta y llegar a un refugio seguro es en sí una odisea. Pero después queda lo más difícil: reconstruir la vida. La situación de cada mujer varía mucho, pero hay casos en los que tienen que empezar todo de cero: mudarse de barrio, encontrar casa y trabajo, una escuela para sus hijos y rehacer sus redes sociales. Y existe poca ayuda para este proceso.

 

 

El tiempo que una mujer puede pasar en uno de estos centros varía mucho según el caso. A veces, con algunos días o semanas basta. En otros, en los que hay causas judiciales complejas o donde está en riesgo su vida, pueden ser meses. Los niveles de seguridad de los centros también varían mucho.

 

 

“Estuve 25 días en el refugio porque cuando iba a la comisaría y presentaba el papel para que vayan a mi casa a ver si estaba él y lo saquen, él nunca estaba -cuenta María-. Yo hablaba con mis hijas y me decían que estaba ahí, pero cuando iba la policía ya no estaba. Hasta que un día mi hija se dio cuenta que había un chusma que le avisaba cuando la policía estaba yendo y entonces él cerraba todo y se iba de la casa. Por eso no lo encontrábamos”. Esas pueden hacer algunas de las complicaciones, en este caso para cumplir la orden judicial de sacar al agresor de la casa y que ella pudiese volver a su hogar.

 

 

Los refugios en general tienen equipos que apoyan a las mujeres con los procesos legales en contra de sus agresores y las ayudan a transitar los laberintos judiciales en los que pueden caer. También cuentan con psicólogos que las acompañan en el proceso emocional, la relación con sus hijos y a volver a retomar contacto con familiares y amigos que pueden haber abandonado durante la relación con el agresor.

 

 

Pero las ayudas económicas para rearmar sus vidas son más escasas. A nivel nacional existen algunos programas para asegurarle ingresos a las mujeres víctimas de violencia de género. El seguro de desempleo se otorga en casos de violencia, con un monto de hasta $3.700 y hay 7.500 mujeres que lo recibieron desde 2013 bajo esta modalidad. El programa “Hacemos Futuro”, conocido antes como “Ellas Hacen”, tiene prevista también la inclusión de mujeres víctimas de violencia y fueron casi 14.500 las que lo recibieron desde 2013 -aunque en estos últimos cuatro años ingresaron sólo 150 mujeres por año-. Hoy se trata de un monto de alrededor de 6.000 pesos. Ambos datos surgen de pedidos de acceso a la información hechos por Chequeado al Ministerio de Trabajo y de Desarrollo Social de la Nación, respectivamente.

 

 

La ciudad de Buenos Aires otorga subsidios habitacionales a las mujeres que lo necesitan, con montos que van hasta $4 mil por mes. Una ayuda, pero insuficiente para poder pagar un alquiler. En la Provincia de Buenos Aires, la Legislatura implementó un programa de microcréditos para quienes quisieran empezar un emprendimiento después de haber estado en un refugio. En 2017 -primer año del plan- se otorgaron casi 200 microcréditos a mujeres de 14 municipios que las ayudaron a comenzar o mejorar algún emprendimiento, principalmente en el área gastronómica, de reventa de productos y de confección de artesanías o indumentaria.

 

 

Es difícil saber cuántas mujeres necesitan estos programas para evaluar si su cobertura es extendida. No hay datos a nivel nacional de cuántas mujeres pasaron por refugios, y de ellas cuántas necesitan los ingresos. El INDEC registró en 2017 86.700 casos de violencia contra mujeres de más de 14 años, pero los tipos de violencia pueden variar mucho y, por ende, las necesidades de esas mujeres también. Sólo en la Ciudad, 160 mujeres y 354 niños y adolescentes pasaron durante 2017 por un refugio.

 

 

Se trata, en todos los casos, de “ayudas puntuales con políticas de subvenciones o de subsidios, pero son todavía programas muy puntuales, de poco alcance, de poco monto y que si bien pueden ser una contribución no garantizan la autonomía económica de las mujeres”, explicó Natalia Gherardi, directora del Equipo Latinoamericano de Justicia y Género (ELA). Y añadió que “también haría falta prever políticas vinculadas con la vivienda y con el cuidado, de hijos, hijas y otras personas a cargo”.

 

 

Los trámites, además, tienden a ser engorrosos y difíciles para una mujer que está sola, en un estado vulnerable y en muchos casos a cargo de niños pequeños, por lo que las necesidades varían mucho según cada caso. “Cuando la mujer no tiene recursos le tenés que pedir mucho al Estado: la protección de la policía, la posibilidad de insertarse laboralmente, Justicia, vivienda. Es muy complicado, no es sólo por el empoderamiento emocional, que es muy importante, sino porque cuando ya llegaste a la instancia del refugio, le estás pidiendo a esa mujer que sea casi una superheroína, porque el Estado no te abre todas esas puertas”, explicó a Chequeado Pamela Lodola, una de las coordinadoras de la ONG porteña Casa del Encuentro.

 

 

El peor resultado es que la mujer salga sin recursos y vuelva a la relación de la que escapó, algo sobre lo que advierte Ada Beatriz Rico, directora de la Casa del Encuentro: “Muchas veces las mujeres no tienen ninguna red, no tienen ningún lazo y terminan regresando con el agresor”.

 

 

En el mejor de los casos, las mujeres logran rearmar sus redes y pueden empezar una nueva vida. Fue la experiencia de María, a quien el paso por el refugio le cambió la vida: “Me sirvió un montón. Te libera de todo lo que pasaste. Ahora que puedo me anoto en todos los cursos, porque no hay nadie que me diga que ‘no’”.

 

 

Si sos víctima de violencia de género o conocés a alguien que lo sea, podés comunicarte las 24 horas al 144 para pedir ayuda y asesoramiento.

Fuente: sur 54
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